La personalidad como target farmacológico
Carlos A. Soria
Médico
Psicoanalista. Especialista en Farmacología Clínica
Especialísta en Psiquiatría. Profesor autorizado de Clínica
Psiquiátrica
Fac. de Medicina, Universidad Católica de Córdoba
Presidente del Colegio Argentino de Neuropsicofarmacología
| INTRODUCCIÓN |
En el teatro de la antigua Grecia aparece por primera vez la "persona". La persona era la máscara que usaban los actores para representar a un personaje que, a través de distintas situaciones mudaba pero era siempre el mismo. "Esta idea de permanencia de una individualidad constituye el esbozo del concepto de personalidad" (15).
Amarrado desde entonces a la idea de inmutabalidad, ciertos rasgos de carácter ligados al sufrimiento de "ser ansioso", "temeroso", "nervioso" o "depresivo", casi siempre presentes desde la infancia, fueron asumidos por sus protagonistas como inherentes al "ser", como esencias inmutables y, por lo tanto, no pasibles de tratamiento y de eventual modificación.
El auxilio médico ha sido, así, solicitado por consecuencias asociadas a esos estados (comorbilidad somática, psiquiátrica, etc.) o para resolver los problemas generados por intentos de modular químicamente sensaciones disfóricas a través del abuso de alcohol o benzodiacepinas.
| ACCIÓN PARA EL CAMBIO |
A comienzos de los 70, A. Akiskal , trabajando para la Universidad de Tennessee, recibe en su Laboratorio de Sueño a un grupo de "depresivos crónicos" (1). Considerados habitualmente como "resistentes", "intratables", "reacciones terapéuticas negativas", etc., arrumbados en el desván de los diagnósticos frustros, condenados al nihilismo terapéutico, esos pacientes llegaban precedidos por años de estéril psicoterapia y/o de breves, tibios e inefaces abordajes farmacológicos (2).
Los resultados sorprendieron: un grupo de estos "neuróticos" mostró alteraciones polisomnográficas idénticas a las de pacientes que presentaban Depresión Mayor: prolongación de la latencia REM, aumento de la densidad REM, presencia de estos rasgos en familiares de primer grado que no habían desarrollado la enfermedad, etc. (23). Dos elementos llamaban la atención: la menor intensidad de sus síntomas y la larga permanencia de los mismos en el tiempo. Clínicamente no reunían los criterios, exigidos en los manuales DSM, para el diagnóstico de Episodio Depresivo Mayor (3), por cuanto sus síntomas eran de rango menor y estaban presentes, literalmente, "desde siempre". Deprimidos "desde la concepción", "aristócratas del sufrimiento" (como los denominaba Schneider) (27), sus síntomas resultaban inseparables de su personalidad, aceptaban sus pesares como inherentes a su "manera de ser" y como tales la nosografía oficial ubicaba en la difusa galaxia de los Trastornos de la Personalidad (3).
Aplicando en ellos la técnica de Disección Farmacológica de Klein (utilización de altas dosis de antidepresivos por tiempos prolongados), fue posible separar a algunos grupos del lote inicial, erigiéndose este método en un recurso de utilidad para el diagnóstico, el pronóstico evolutivo y la elección terapéutica (31,33) (Cuadro I).

Estas formas, en apariencia "leves", resultaban, por su duración en el tiempo, altamente incapacitantes, coloreando no un breve lapso temporal -el episodio- sino la vida toda. El objetivo del tratamiento no eran ya los síntomas-meta, los síndromes específicos o una entidad nosológica dada sino un estilo de vida, un modo de ser-en-el-mundo: la existencia distímica, caracterizada por su incapacidad para el placer y su perenne sufrimiento. El cuadro "menor" resultaba, desde el punto de vista biológico y terapéutico, tan severo como las formas resistentes de Depresión Mayor y requería abordajes con altas dosis de medicamentos y por períodos superiores a los dos años. Singularmente, y en virtud del tratamiento, estas vidas áridas mudaban hacia formas de bienestar, alegría y productividad entusiasta y la "pobreza yoica" se transmutaba en plasticidad creativa.
El impacto se tradujo en la nosografía y el Trastorno Distímico, validado por ensayos de campo, ingresó en la nueva nomenclatura como Distimia en el marco de los Trastornos del Humor, abandonando su anterior anclaje como Neurosis Depresiva entre los Trastornos de Personalidad.
Sin embargo, el concepto de Distimia, que subsume al de Trastorno Distímico, sigue resultando limitado en su operatividad por ser excesivamente abarcativo al englobar, sin distinción, formas tan variopintas como síndromes depresivos surgidos en desarrollos neuróticos, borderlines o en la patología cicloide, sin descontar la limitación intrínseca a un sistema nosográfico que toma a la intensidad sintomática como parámetro ordenador.
a) La ansiedad crónica
De modo análogo "el temple ansioso" o la "ansiedad crónica" fueron incluídos como formas singulares de personalidad.
Inicialmente, la Neurosis de Ansiedad incluyó a las diversas formas de ansiedad crónica, heredando, más tarde, el Trastorno por Ansiedad Generalizada esta denominación.
En la actual nosografía se le considera como un diagnóstico residual al que se arriba tras descartar otras entidades. Funcionalmente parece integrar un magma protoplástico que puede abrirse paso a la superficie de la clínica con diversos y mudantes rostros: fobia social, crisis de pánico, somatizaciones, etc. El "lecho de roca" sería, igualmente, lo disposicional.
b) Terapéutica:
los
antidepresivos en el control de la ansiedad
Desde los años 60, las benzodiacepinas han ocupado un rol hegemónico en el tratamiento de la ansiedad. Utiles en las formas agudas, limitadas en las formas crónicas, las primeras moléculas carecían de poder resolutivo en las formas hiperagudas (el ataque de pánico) y, más aún, no lograban impedir la reiteración de las crisis panicosas.
Los estudios neurofisiológicos dinámicos pudieron mostrar que el locus coeruleus aumenta el número de disparos (firing) al activarse por el miedo, la yohimbina o la deprivación de sustancias opiáceas; y que esta actividad podía antagonizarse con IMAO (Inhibidores de la Mono Amino Oxidasa), antidepresivos tricíclicos (TCA), betabloqueantes o clonidina, pero no con benzodiacepinas. Este aval a reportes anecdóticos sobre el control de los Trastornos de Pánico por antidepresivos clásicos ubicó en el centro de atención a estas sustancias (18) (Cuadro II).

Los primeros antidepresivos fueron el resultado de hallazgos fortuitos, los IMAO (iproniazida), en 1957, los TCA (imipramina), en 1958 (19).
Su mecanismo de acción, si bien difería levemente, tenía un fondo común, ambos grupo eleveban los tenores de monoaminas a nivel intersináptico.
Los TCA actúan bloqueando los sistemas de recaptación de neurotransmisores y los IMAO impidiendo su degradación. Su virtud encerraba, asimismo, su defecto, su actividad amplia e inespecífica sobre múltiples neurotransmisores proveía efectos terapéuticos, pero también efectos indeseables. Así, los TCA extendían su acción sobre acetilcolina (Ach), histamina (H1, H2), receptores adrenérgicos (alfa-1), noradrenalina (NA) y serotonina (5-HT), junto a una actividad estabilizadora de membranas (EM). Los IMAO, por su parte, inhibían la degradación de NA, 5-HT, dopamina (DA) y fenetilamina (FEA) (Cuadro III).

De todos estos, solo NA, 5-HT y DA aparecían como claramente ligadas en los mecanismos fisiopatogénicos de la ansiedad y la depresión. Sin embargo, un subgrupo de pacientes parecía requerir la modulación de todas las vías para mostrar una respuesta eficaz.
La actividad inespecífica sumaba a las cualidades terapéuticas reacciones adversas. En el caso de los TCA, su perfil anticolinérgico, su acción histamínica, su cardio- toxicidad en sobredosis y la expoliación de calcio que descendía el umbral para las convulsiones. En los IMAO el bloqueo irreversible de los sistemas enzimáticos de las monoaminooxidasas impedía la degradación de sustancias endógenas y exógenas con el riesgo asociado de que aportes dietéticos o farmacológicos de sustancias con actividad vasopresora culminaran en accidentes cerebrovasculares (22) (Cuadro IV ).

C) Drogas de diseño
La búsqueda de moléculas más "limpias" (que conservaran la eficacia pero sin presentar los efectos adversos de los TCA y los IMAO) condujo al desarrollo de drogas de diseño racional. El grupo de los Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina (ISRS), iniciado con fluoxetina en 1988, mostró el potencial terapéutico de estas moléculas en patologías muy disímiles de la depresión (36).
d) La difusión de una disfunción
Se probó en años siguientes que, merced a la capacidad asociativa del cerebro (su estructuración por niveles de complejidad crecientes), disfunciones primarias en las vías 5-HT, cercanas en la química acarreaban consecuencias muy distantes en la clínica. Podían, a través del desfiladero serotoninérgico, abrirse paso con rostros tan diversos como los expresados en el "Abanico español" de Yaryura-Tobías sugiriendo la difusión de una disfunción (16) (Cuadro V).

Existen cinco vías serotoninérgicas:
.- Vía I: se extiende desde el rafe mesencefálico hasta la corteza prefrontal.
.-Vía II: se extiende desde el rafe mesencefálico hasta los ganglios basales.
.-Vía III: se extiende desde el rafe mesencefálico hasta la corteza límbica y el hipocampo.
.-Vía IV: se extiende desde el rafe mesencefálico hasta el hipotálamo.
.- Vía V: se extiende desde el rafe mesencefálico hasta la médula espinal.
Modulando estas vías, un mismo fármaco, en distintas dosis, podía ser eficaz en un Trastorno de Pánico, un estado depresivo, un Trastorno de la conducta alimentaria o un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (8).
La Serotonina ocupó el centro de la escena y la "Década del Cerebro" se convirtió en la "Década de la Serotonina".
e) Mecanismo de acción: el enigma del período de latencia
El período de latencia de la actividad antidepresiva fue por muchos años un enigma. La explicación de por qué debían transcurrir dos, tres o más semanas desde el comienzo de la administración hasta que se hacía manifiesta la eficacia terapéutica comenzó a develarse a partir de la observación de que el modelo estático tradicional del complejo receptor-neurotransmisor (ejemplificado a través de la metáfora de "una llave para una cerradura"), debía revisarse desde una concepción dinámica y neuroplástica. En verdad, según la oferta de neurotransmisor, el número de receptores crecía, (regulación ascendente, hipersensibilidad o up-regulation) o, por el contrario, si éste sobreabundaba, podía verse cómo los receptores (generalmente unidades proteicas) se invaginaban por debajo de la membrana y eran lisados por la neurona, disminuyendo en su número y densidad (regulación descendente, hiposensibilidad, down-regulation). Este proceso regulado por la oferta de neurotransmisor requería un espacio temporal: el tiempo de latencia, el intervalo entre el comienzo de la administración y el del efecto terapéutico (4,9,28).
F) De lo post a lo presináptico
El interés centrado en los receptores se acrecentó al descubrirse distintos tipos para cada neurotransmisor (NT). Para Serotonina se han descrito 11 subtipos cada uno de los cuales parece desencadenar con su activación acciones biológicas específicas, abriendo a la especulación teórica la posibilidad de que existan sustancias endógenas que actúen como agonistas y antagonistas, parciales y/o totales (6,21,32) (Cuadro VI).

El descubrimiento de los autorreceptores, (receptores encargados de regular por mecanismos de contrarregulación la liberación del NT) complejizó y esclareció, a la vez, los dispositivos puestos en juego para mantener en niveles fisiológicamente deseables la presencia del NT.
Simplemente, la presencia del NT activaba por feed-back negativo la inhibición de su liberación.
G) Del axón a las somatodendritas
Las neuronas manejan información con un lenguaje binario: eléctrico y químico, el impulso nervioso -un potencial de acción que se propaga- mantiene una ritmicidad (un número de disparos) acorde a su función. Así, las neuronas serotoninérgicas mantienen una actividad tónica rítmica con un patrón de marcapaso altamente regulado. Sus neuronas poseen mecanismos propios que les permiten generar potenciales (de 0,5 a 3 Hz) mediante los cuales ejercen un "tono general serotoninérgico difuso" (24,26).
Llegado al extremo el impulso eléctrico se hace químico y los NT completan la misión portando su mensaje activo a la neurona siguiente.
El flujo de impulsos neuronales es regulado por la presencia del NT. La incidencia de éste sobre los autorreceptores regula el circuito. El acento inicial, enfatizado en el terminal axónico, ha sido relevado por la observación de que es el autorreceptor 5-HT1A somatodendrítico quien regula el número de impulsos neuronales: la presencia del NT lo activa y disminuye la fecuencia de disparos. Lo opuesto, la ausencia de NT, inhibe la inhibición aumentando la cantidad de impulsos. De tal modo, el estado de sensibilidad de este autorreceptor es crucial en la fisiopatogenia de la depresión y en la actividad antidepresiva de los fármacos.
| LA DEPRESIÓN "SEROTONINÉRGICA" |
En la hipótesis serotoninérgica de la depresión el punto de partida es determinado por un déficit relativo de serotonina (5-HT) (7).
Esto genera un aumento en el número de receptores: regulación ascendente de autorreceptores y de receptores postsinápticos (Estado de enfermedad).
Los fármacos serotoninérgicos
El mecanismo de acción primario de los farmacos serotoninérgicos es el bloqueo de la bomba de recaptación de 5-HT.
Esto induce el aumento de la presencia de NT en la zona somatodendrítica que, a través de los días, promueve una regulación descendente de los autorreceptores 5-HT1A.
El menor número y actividad de los autorreceptores inhibe la inhibición de la neurona 5-HT, generando con ello el aumento del flujo de impulsos neuronales cuya consecuencia final es una mayor liberación de 5-HT en el terminal axónico.
La mayor oferta de NT promueve una regulación descendente en los receptores 5-HT postsináticos que cronológicamente acompaña a la mejoría clínica.
| LA DEPRESIÓN "NORADRENÉRGICA" |
El ingreso del aminoácido precursor tirosina (TIR) marca el inicio del proceso formador de Noradrenalina (NA). La TIR es captada desde la sangre por un proceso activo, que implica gasto de energía y la utilización de una unidad especial altamente selectiva (Bomba de transporte). Desde allí, tres enzimas participarán en pasos sucesivos conformando la secuencia: Tirosina (TIR)-Tirosina-hidroxilasa (TOH): Dihidroxifenilalanina (DOPA)-Dopa-decarboxilasa (DDC)-Dopamina (DA) Dopamina-beta- hidroxilasa (DBH)-Noradrenalina. La NA se almacena en vesículas sinápticas.
La Tirosina-hidroxilasa es la enzima clave, limitante, de toda la cadena, su velocidad de conversión determina el ritmo de producción del NT.
En los procesos de degradación participan dos grupos enzimáticos, el de las monoaminooxidasas (MAOS) y el de la Catecol-orto-metiltransferasa (COMT).
Desde las vesículas de almacenamiento es liberada hacia el espacio sináptico por acción del impulso nervioso. En ese nivel, el factor regulador es la "Bomba de recaptación de NA", un transportador específico que reabsorbe el NT poniendo fin a sus acciones.
Tres tipos de receptores pueden conjugarse con NA a nivel postsináptico: alfa-1, alfa-2 y beta-1.
En la orilla presináptica alfa-2 actúa como un autorreceptor, la presencia de NA lo activa poniendo freno a la liberación del NT (10,14).
| PRESERVAR EL EQUILIBRIO |
Mantener el equilibrio es la consigna central de todo el sistema, la enzima limitante TOH, la bomba de recaptación, los autorreceptores y las enzimas de degradación se contrabalancean recíprocamente para preservar tenores estables de actividad. Alteraciones en cualquiera de estos niveles podrían generar patología. La corrección terapéutica de tales disbalances es el objetivo de la utilización de psicofármacos.
Si, con un criterio didáctico deseáramos reseñar los senderos del enfermar humano podríamos hablar de niveles de integración. El equilibrio genético, molecular, biológico, psicológico y social conformaría los caminos de la salud. Contrariamente, desequilibrios en cualquiera de estos niveles serían el andamiaje de la enfermedad. (Cuadro VII)

Desde el nivel neurobioquímico, molecular, subestructural, la enfermedad mental aparece como la desregulación cuantitativa de mecanismos homeostáticos cerebrales.
Todo intento terapéutico parte de esta premisa. Un tratamiento es, esencialmente, un esfuerzo por restaurar un equilibrio perdido o alcanzar uno no logrado aún. Teniendo en cuenta que la "inestabilidad creadora", esencial para la vida, se manifiesta en nosotros por medio de los grandes sistemas integradores (nervioso, endócrino e inmunológico) en un interjuego dinámico cuya percepción por el individuo se traduce en la sensación de "bienestar" (equilibrio) o "malestar" desequilibrio. La neuroplasticidad -la versión nerviosa del perenne ajuste ambiental- es influida por la actividad farmacológica.
| ¿CÓMO ACTÚAN LOS PSICOFÁRMACOS ? |
Nuestro conocimiento sobre la actividad de los psicofármacos se ha extendido desde el limitado territorio de la hendidura sináptica, donde todo ocurre en milisegundos, al espacio postsináptico y al núcleo de la segunda neurona, en donde podemos encontrar, años después, la traducción de los efectos farmacológicos, erigidos ahora en mutaciones anatómicas, neuroplásticas, definitivas. Un tránsito que abarca desde lo bioquímico a lo estructural, desde lo sintomático a lo disposicional.
a) Las nuevas moléculas
De los numerosos neurotransmisores involucrados en la fisiopatogenia de la depresión sólo tres han resitido la prueba del tiempo y la evidencia: serotonina (5-HT), noradrenalina (NA) y dopamina (DA). Los fármacos con acciones sobre estas vías han mostrado capacidad antidepresiva. Las drogas de diseño, han mantenido los mecanismos de acción tradicionales: bloqueo de la recaptación o inhibición de la degradación (5, 2).
Las nuevas moléculas estilizaron su perfil de actividad en la búsqueda de tres objetivos: eficacia, tolerancia y seguridad en sobredosis.
La eficacia de los compuestos iniciales permanece insuperada. Sólo venlafaxina y mirtazapina sugieren una equipotencia similar a los gold standard (los provectos tricíclicos).
Las reacciones adversas se han morigerado notablemente a partir de los ISRS (Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina) y la letalidad en sobredosis es un fantasma que ya no amenaza (10).
b) Panorama desde el puente
La aparición de tianeptina (7), un incrementador de la recaptación de serotonina, señaló con su "pseudoparadoja" (10), que nuestras puntuales visiones al estilo "un-mecanismo-una-acción" debían comprenderse en términos de modulación de sistemas.
La presencia de estresores crónicos, por medio de vías serotoninérgicas, promueven la cascada CRF (Factor Liberador de ACTH) ACTH (Adreno-Cortico-Trofina)glucorticoides (7).
Un terreno proclive puede desencadenarse en depresión y correlativamente dejar su impronta en células hipocámpicas con el deterioro cognitivo adicional.
En marcos experimentales recursos tan diversos como antidepresivos tricíclicos, IMAO, terapia electroconvulsiva (TEC), deprivación del dormir o luminoterapia mostraban actividad antidepresiva a través de una vía final común: la regulación descendente del receptor beta-adrenérgico. Para cumplir su cometido requieren de la presencia de glucorticoides y de la indemnidad de las vías 5-HT. En este punto se conectan dos sistemas de integración adaptativa, el nervioso y el endocrino que, junto al inmunológico, afinan la sinfonía homeostática.
El concepto de la down-regulation beta-adrenérgica como estación terminal, se ha extendido con nuevos hallazgos: más allá de su mecanismo inicial los antidepresivos elevan los niveles postsinápticos de NA y 5-HT.
De sostenerse en el tiempo, en la neurona postsináptica se verifica una doble actividad: disparo de la señal de transducción mediatizada por 3-5 adenosín-monofosfato cíclico (AMP-c) y de kinasa-Calcio-dependientes.
El reguero biológico trasciende la membrana y enciende la interioridad celular, elevando los tenores de adenilciclasa-AMP-c dependiente que, ingresada en la neurona, subleva, a su vez, a la protein-kinasa (PKA).
Por simpatía molecular se activa el núcleo en donde la PKA eleva la síntesis y la expresión de una proteína, habitualmente parca, la CREB (Element-Binding-Protein) que, más allá de su impostada sencillez, se yergue como el postreceptor intracelular de toda sustancia con potencial antidepresivo.
"Ebria de gozo y trementina" (20), la CREB comparte su estado con una proteína amiga, el Factor Neurotrófico Cerebral (BDNF) que estimulada en su fibra más sensible, el receptor trkB, elabora lo que pocas veces: sus refinadas neurotrofinas II y IV.
Regadas que fueran las espinas dendríticas con neurotrofinas crecerán, en nuevas sinapsis, restituyendo la plasticidad del sistema serotoninérgico "...ganado otra vez para la vida"(11). La experimentación animal corrobora esta secuencia: el estrés crónico en ratas, disipa el BDNF del hipocampo. En humanos y cercanos parientes (chimpancé), el sufrimiento sostenido se acompaña de una reducción anatómica del hipocampo, que pierde su capacidad de inhibir al eje Hipotálamo-Hipofiso-Adrenal (HHA).
Un tratamiento eficaz contribuiría a rectificar la citoarquitectura funcional de las neuronas serotoninérgicas del hipocampo mensurable en la elevada concentración de CREB radiomarcado en las áreas CA3 y CA1 del asta de Amon y en las capas granulares del gyrus dentado.
c) La alarma benéfica
La percepción de un estresor por el medio interno o los órganos de los sentidos dispara la cadena ( HHA), activa al locus coeruleus que inicia la cascada del sitema APUD (Amine Precursor Uptake and Decarboxilation), un sutil paso biológico, una reacción de transmetilación (la donación de un grupo metilo:-CH3) convierte a Noradrenalina, un NT, en Adrenalina, una hormona. Coordinadamente los sistemas nervioso, endócrino e inmunológico se direccionan a neutralizar la agresión. Improntas genéticas o adquiridas pueden impedir una adecuada contrarregulación, lo agudo se hace crónico y la alarma benéfica, enfermedad.
d) Los fármacos noradernérgicos
Aún los más estrictamente noradrenérgicos ejercen su acción en dos niveles: en el corto plazo, modulando el interjuego NA-5HT merced a las múltiples conexiones entre los dos sistemas, en el largo plazo modificando la expresividad genética de la enzima limitante, tirosina-hidroxilasa.
e) Las benzodiacepinas
Unas 200 benzodiacepinas (BZD) alcanzaron el mercado. Sólo dos, mostraron eficacia en las formas crónicas de ansiedad: alprazolam y clonazepam.
Su secreto fue la posibilidad de trascender el perfil común de moduladores gabaérgicos y extender su acción, en el largo plazo, a las vías NA y 5-HT.
f) El patrón de curso longitudinal
Recientemente rescatado, el diagnóstico longitudinal, histórico, vuelve a primar sobre las visiones transversales, basadas en la sintomatología actual. En las formas crónicas de ansiedad y depresión, biografía y patobiografía discurren a la par. Sujeto a empujes episódicos, recurrencia y fluctuaciones el curso evolutivo es siempre irregular. El síntoma delata y el fondo determina. Por eso es el terreno, el suelo, el sustrato, el objetivo a modificar.
"Si la tristeza y el miedo perseveran mucho tiempo, indican una afección melancólica..." (Hipócrates, Secc. VI, aforismo 23). Hipócrates de Cos (460-367 aC) señala en este aforismo dos estirpes sintomáticas, la tristeza como integrante de la serie de trastornos depresivos y el miedo como miembro de la serie de trastornos de ansiedad. Ambas series se unen y sustentan en la "afección melancólica" que, en lenguaje actual, resultarían de una alteración única, basal y fundante, los trastornos de la afectividad.
La cuestión de si se trata de un desorden único o plural no es novedosa. La tesis de un desorden primario, la "Eintheitpsychose", sostenida en su tiempo por Griesinger, Zeller y Neumann, recobra validez al cotejarla con nuestros recientes hallazgos. Ansiedad y depresión, reconocidas en el Trastorno Mixto Ansioso-depresivo o Depresivo-ansioso, las formas subsindrómicas devenidas bajo la presión de estresores en Depresion Mayor o Trastorno por Ansiedad Generalizada parecen emanaciones (simples formas, lava, piedra o gases) de la vulnerabilidad.
g) La biología es social
Probada en monos, visible en humanos, la correlación entre rango social y status endocrino muestra lo maleable del suelo biológico (5, 25).
"La personalidad, en algún sentido, es la expresión última de la biologia en un contexto social" (12).
Sicut sicuris sic inferius ("Así en lo grande como en lo pequeño"), Precepto de los Alquimistas.
Mudar desde lo molecular parece, a razón de los nuevos saberes, tan desmesurado como asequible. Aristóteteles ligó la personalidad a lo inevitable: "El destino del hombre es su carácter", estudioso al fin, aceptaría junto a Hegel que, afortunadamente, el hombre como el tiempo "va siendo sido" y que personalidad, carácter, temperamento, no son puertos de llegada sino puntos de partida.
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