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Unidad
Temática Comentada Nº2
Vulnerabilidad inducida por el distres psicosocial
Distrés, ansiedad y depresión, una secuencia
clínica progresiva.
Introducción:
La ansiedad es el síntoma principal de la mayoría de los
trastornos psiquiátricos y un componente casi-inevitable de muchas
patologías médicas y quirúrgicas. Conocida y descripta
históricamente como una emoción humana universal, estuvo
siempre íntimamente ligada al temor fisiológico
que persigue fines adaptativos psicobiológicos. Se la encuentra
asociada a la depresión (más especialmente a la distimia),
al trastorno por pánico, a la agorafobia y otras fobias específicas,
al trastorno obsesivo-compulsivo, a los trastornos de la conducta alimentaria
y a la mayoría de los trastornos de la personalidad. Aunque sea
posible identificar o no la causa que origina el cuadro de ansiedad, se
ha concensuado que es necesario, en determinadas circunstancias, disminuir
la vulnerabilidad frente al estrés, mediante el tratamiento con
fármacos que proporcionen un efecto preferentemente ansiolítico
selectivo(2). Un ansiolítico selectivo,
debería reducir su impacto sobre las funciones cognitivas, las
habilidades motoras, minimizar los efectos sedantes y coadyuvar con el
posible tratamiento cognitivo-conductual.
Abordaje farmacológico:
Actualmente, los IRSSs y las benzodiazepinas, constituyen el tratamiento
de elección para el espectro de los trastornos de ansiedad. Las
benzodiazepinas de alta potencia han demostrado ser efectivas en la ansiedad
severa con hiperactividad autonómica(2),
como en el trastorno por pánico, especialmente durante el primer
periodo de tratamiento.(9)
Se ha encontrado que la administración aguda o crónica del
alprazolam, puede actuar por dos vías; compensando la falla de
la inhibición gabaérgica, por aumento de la conducción
del GABA1, y como segunda vía a través de la modulación
de la hiperactividad del eje hipotalámico-pituitario-adrenal, atenuando
la activación neuronal producida por el distrés, por antagonismo
del factor de liberación de corticotropina hipotalámico
(CRF) (8), (16), (22).
El alprazolam, el lorazepam y últimamente el clonazepam, han sido
los más estudiados, estableciéndose claras diferencias en
las guías de referencia (PDR, USA) respecto de su aprobación
para las diferentes indicaciones clínicas, en función de
las evidencias clínicas aportadas con cada una de ellas:
Alprazolam:
(10)
1- Trastornos de ansiedad.
2- Trastornos de ansiedad asociado a depresión.
3- Trastorno por pánico con o sin agorafobia.
Lorazepam (oral):
(12)
1- Trastornos de ansiedad.
2- Trastornos de ansiedad asociado a depresión.
Clonazepam:
(20)
1- Epilepsia: síndrome de Lennox-Gastaut,
crisis mioclónicas, crisis aquinéticas y crisis de ausencias
refractarias al tratamiento convencional.
2- Trastorno por pánico.
El alprazolam es una triazolobenzodiazepina, aprobada en la mayoría
de los países, para ser utilizada en el tratamiento farmacológico
del amplio espectro de los trastornos de ansiedad, especialmente en aquellos
que cursan con depresión.(2), (3)
El clonazepam, de acuerdo con las principales agencias regulatorias de
medicamentos, está exclusivamente limitado para el tratamiento
de ciertos tipos de epilepsia y el trastorno por pánico.
Las benzodiazepinas no son antidepresivos per se; aunque el alprazolam
ha demostrado ejercer efectos antidepresivos leves, directos e indirectos,
involucrados en las diferentes etapas de lo que numerosos autores han
denominado una secuencia clínica progresiva de distrés,
ansiedad y depresión. (8)
Algunas bendodiazepinas pueden coadyuvar y mejorar los cuadros ansioso-depresivos
o depresivo-ansiosos por la mejoría de la ansiedad -la ansiedad
no cursa con alegría- por lo tanto si mejora la ansiedad, mejora
la sintomatología depresiva, la tristeza, que acompaña a
la ansiedad... (9)
Históricamente, el efecto antidepresivo del alprazolam ha sido
relacionado a su habilidad de aumentar en forma significativa la latencia
al período REM, un efecto también visto con los antidepresivos
tricíclicos e IMAOs y no con las benzodiazepinas clásicas.
(14), (15)
Farmacocinética clínica (3)
Las variables farmacocinéticas típicas para el alprazolam
son:
Concentración plasmática pico: 12 a 22 µg/L
a las 0,7 a 1,8 h post-dosis oral.
Volumen de distribución: 0,8 a 1,3 L/kg.
Fracción no unida a proteínas: 27 a 31%.
Vida media de eliminación beta: 9 a 16 h.
Biodisponibilidad absoluta de la formulación oral: 80 al
100%.
La absorción del alprazolam luego de la administración sublingual
es comparable con la absorción alcanzada luego de la administración
por vía oral (bucal). El área bajo la curva (ABC) es similar
para ambas vías de administración oral. Los efectos farmacodinámicos
del alprazolam también fueron comparables entre ambas vías.
(3), (17)
La farmacocinética del alprazolam es dosis independiente y no se
modifica durante el tratamiento crónico. En general, las concentraciones
plasmáticas de alprazolam en estado de meseta promedio varían
entre 10 y 12 µg/ml por cada cambio en la dosis diaria de 1 mg.
(3)
Aunque el rango terapéutico no esté claramente establecido,
algunos estudios indican que la reducción de la ansiedad asociada
al trastorno por pánico ocurre a concentraciones plasmáticas
estables de 20 a 40 µg/L. Pueden ser necesarias concentraciones
más altas (60 µg/L) para la supresión de las crisis
de pánico propiamente dichas. (3), (9)
Debido a su vida media intermedia-corta y a su elevada potencia, aunque
marcadamente menor que la del clonazepam, la probabilidad de acumulación
medicamentosa y por consiguiente, el riesgo de sedación, es mucho
más baja con la administración de alprazolam. (1),
(10), (13)
Ansiólisis sin sedación
En el tratamiento con benzodiazepinas tradicionales, la sedación
o la disminución de la capacidad de atención y concentración,
manifestados como alteraciones de las funciones cognitivas y motoras,
son los efectos secundarios más mencionados por los pacientes.
(11), (18) Más preocupantes aún
resultan, cuando los incapacita para desarrollar los denominados factores
de resiliencia, como la instrospección, el juicio crítico,
la independencia, la capacidad de relacionarse, la iniciativa, el humor
y la creatividad (19), haciendo más
difícil, en el encuadre terapéutico, la resolución
del trastorno adaptativo. La resiliencia desde el punto de vista cognitivo
está directamente vinculada con el conjunto de recursos y estrategias
de afrontamiento adquiridas a lo largo de nuestra vida para desarrollarnos
y resolver tanto el proceso adaptativo como las responsabilidades socio-culturales.
(7)
La reciente introducción de una forma farmacéutica sublingual
de benzodiazepinas de alta potencia (únicamente en la Argentina),
podría constituir un nuevo retroceso en el uso racional de estos
psicofármacos.
Existen estudios, que demuestran la existencia de déficits en las
funciones neuro-psicológicas en sujetos que reciben tratamiento
con benzodiazepinas potentes luego de una rápida absorción.
(6)
La abrupta llegada al SNC, podría desencadenar en los pacientes
abusadores de sustancias un efecto refozador (11),
mientras que en otros, lejos de producirles un efecto aliviador, podría
coadyuvar al desarrollo de sensaciones disfóricas o de pérdida
de control. (11)
Por otro lado, la disponibilidad constante, en pacientes ansiosos y dependientes,
de un ansiolítico de administración sublingual puede incrementar
la automedicación ante el menor signo de malestar-téngase
en cuenta particularmente los fenómenos ampliamente conocidos en
la clínica de sugestibilidad, ansiedad anticipatoria, inseguridad
y autoobservación que los asaltan permanentemente- que no necesariamente
sea prodrómico de una crisis de pánico, bloqueando, en consecuencia
todo afrontamiento con las necesarias e inevitables contrariedades del
diario vivir. El objetivo terapéutico deseable es que el paciente
se libere de la ansiedad patológica gracias a un incremento en
su capacidad madurativa y no por medio de una anestesia psicológica.
La administración a horas fijas, por indicación médica
precisa, de un ansiolítico de liberación controlada puede
obviar ese problema y propender a un tratamiento más controlado
y racional.
Para evitar la ansiedad interdosis observada en algunos pacientes con
trastorno por pánico, la formulación de alprazolam de liberación
controlada provee una absorción gradual desde el intestino delgado.
El Tmax se alcanza entre las 6 y 10 horas luego de una dosis única
por vía oral con valores de Cmax un poco más bajos que aquellos
observados con la formulación convencional. El ABC es esencialmente
idéntica a la observada con la administración de la misma
dosis del comprimido de liberación inmediata convencional. (3),
(18)
Los pacientes bajo tratamiento crónico con alprazolam de liberación
prolongada no han mostrado signos de amnesia anterógrada ni trastornos
neuropsicológicos. El uso a largo plazo de alprazolam de liberación
prolongada no se asoció con disfunciones neuropsicológicas,
especialmente sobre la atención, el aprendizaje y la memoria, aún
habiéndose utilizado métodos muy sensibles de evaluación.
Tampoco se ha demostrado evidencia de amnesia anterógrada u otros
déficits neuropsicológicos en pacientes con trastorno por
pánico tratados en forma crónica con alprazolam de liberación
prolongada. (6)
Uso, dependencia y abuso
La posibilidad del uso inadecuado del alprazolam es muy baja en relación
a su amplia prescripción médica. Dada la extensa experiencia
clínica internacional y los millones de pacientes que han recibido
esta benzodiazepina, podría decirse que la incidencia es marcadamente
baja.
Como consecuencia de ese amplio uso, el alprazolam ha atraído considerablemente
la atención. (4)
El abuso del alprazolam no es un problema serio de salud en los pacientes
con trastornos de ansiedad. La mayoría de los pacientes que utilizan
alprazolam a largo plazo, lo hacen en forma conservadora, es decir, que
pueden ser orientados por su médico a la dosis efectiva mínima
y programar en forma flexible, cuando ello es necesario, la tentativa
de suspender o discontinuar el tratamiento. (4)
Muchos médicos han recibido información acerca de que la
tendencia al abuso del alprazolam es mayor que con otras benzodiazepinas
comúnmente utilizadas. Sin embargo, esta opinión no está
sustentada por la información científica disponible, debido
a que se carece de estudios experimentales y prospectivos que lo demuestren.
Los estudios en humanos y en animales que compararon al alprazolam y otras
benzodiazepinas mostraron una tendencia al abuso similar para todas. (5)
Conclusiones
Durante décadas, los trastornos de ansiedad y del humor, no fueron
considerados como una única enfermedad y se los abordaba como entidades
separadas.
Esta visión separatista, va siendo reemplazada progresivamente,
ya que se siguen acumulando evidencias e información respecto de
que los pacientes con trastornos depresivos mostrarán invariablemente
comorbilidad con ciertos trastornos de ansiedad o con síntomas
ansiosos de severidad clínicamente significativa. (23)
Actualmente se ha centrado la atención clínica en el sustrato
biológico de los trastornos de ansiedad y de los estados depresivos,
adjudicándosele un protagonismo relevante a los cambios neurobiológicos
(expresados por la hiperactividad del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal)
ante eventos vitales estresantes, que pueden tener un impacto negativo
de acuerdo a la sensibilidad del sujeto a los mismos, según su
vulnerabilidad individual. (8)
Hoy sabemos que un tratamiento ansiolítico específico o
un tratamiento antidepresivo, planteado en el tiempo, puede llevar a modificaciones
anatómicas secuenciales que se van a expresar años después
en un cambio favorable sobre la vulnerabilidad de los pacientes. (8)
El uso de una benzodiazepina específica como el alprazolam, es
un complemento muy interesante en la terapéutica cognitivo-conductual
individual y aún más si se trata de una terapia cognitivo-conductual
grupal, porque permite reducir el tiempo de duración de los tratamientos.
(9)
Debido a que un gran porcentaje de los médicos de atención
primaria pueden no estar actualizados acerca de los significativos avances
farmacológicos operados en los últimos años, en el
abordaje y tratamiento de la salud mental, es sabido que la mayoría
de los pacientes pueden no estar recibiendo un diagnóstico y tratamiento
específico.
Desafortunadamente, el espectro de los estados depresivos y de los trastornos
de ansiedad, continúan siendo aún pobremente reconocidos
y tratados en especialidades tales como clínica médica,
gastroenterología, cardiología y ginecología. (21)
Tanto en los países desarrollados como en las naciones en vías
de desarrollo, menos del 25% de las personas afectadas de trastornos neuropsiquiátricos
recibe tratamiento debido al estigma, la discriminación, la escasez
de recursos, la falta de capacidad en la atención primaria de la
salud y una política deficiente de salud pública. (24)
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