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LA BODA
VIRGILIO PIÑERA
(De:
El que vino a salvarme, 1970, Buenos Aires, Sudamericana.)
© 1974 Emecé Editores S.A.
© 1989 María Kodama y Emecé
Editores S.A.
PIÑERA, Virgilio
Escritor
cubano nacido en Camagüey en 1912. Tras su graduación en la
Escuela de Filosofía y Letras (1941), se acerca al núcleo
de poetas congregados en torno de la propuesta renovadora de José
Lezama Lima y colabora en las revistas Verbum, Espuela de Plata, Clavileño
y Orígenes. En 1942 funda Poeta, medio de difusión de la
nueva estética. Una beca universitaria le permite viajar a Buenos
Aires, ciudad en la que permanece entre 1946 y 1958, con algunas interrupciones.
Es Jorge Luis Borges quien lo "descubre"
en 1947 para el público porteño, al incluir el cuento "El
señor ministro" en la revista Anales. Años después
vuelve a seleccionar un relato del cubano, "En el insomnio", para la antología
Cuentos breves y extraordinarios, hecha en colaboración con Bioy
Casares.
La aparición de la novela La carne
de René, en 1952, y su participación desde 1956 como crítico
y cuentista en Sur, faro cultural por aquellos años, denotan su
reconocimiento e integración en el campo literario argentino. Paralelamente,
mantiene su vínculo con el país natal enviando textos originales
a la revista Ciclón, de la que Piñera llega a ser secretario
de redacción. En 1958 decide radicarse definitivamente en Cuba.
Un año más tarde comienza a editar artículos bajo
el seudónimo "El Escriba", en el periódico Revolución,
cuyo suplemento cultural estaba a cargo de Cabrera Infante. Desde ese
espacio se convierte en paradigma de la literatura, la irreverencia y
el gesto rupturista. Autor de cuentos, poemas, piezas dramáticas
y novelas, presenta en sus obras a través del absurdo y el sarcasmo
una visión extrañada del mundo que permite develar el carácter
ilógico de las leyes humanas.
Entre sus títulos figuran: Las furias,
poemas, 1941; Teatro completo, 1960; Presiones y diamantes, 1967; El que
vino a salvarme, cuentos, 1970. Eclipsado por Carpentier, Guillín
y Lezama Lima, recién a partir de su muerte, acaecida en 1979,
ha concitado la merecida atención de la crítica y de los
editores. Así, póstumamente, se han publicado: Un fogonazo,
relatos; Una broma colosal, poemas, y Las escapatorias de Laura y Oscara,
teatro.
Los invitados que llegaron con la
debida puntualidad pudieron ver cómo dos hombres de alguna edad,
caminando de espaldas al atrio y viniendo del altar, desenvolvían
de un enorme carrete dos cintas blancas que colocaban sobre los espaldares
de los asientos situados junto a la senda nupcial. Los que no llegaron
con la debida puntualidad vieron las cintas ya colocadas. También,
la gran alfombra roja. A una señal, el altar se iluminó,
mientras el pie derecho de la novia penetraba en el templo. Cuando el
extremo de la cola de su vestido tocó justo el sitio donde su pie
derecho había marcado una levísima huella, se pudo observar
que dejaba atrás treinta cabezas de águila que formaban
el tope de otras tantas columnas situadas en el atrio. Así que,
una vez llegada la novia ante el oficiante, el extremo de su cola vino
a quedar separado de su cuerpo por una distancia de treinta cabezas de
águila. Claro que la distancia parecía un tanto mayor a
causa del ángulo que se formaba de los hombros al suelo. Pero no
era tan agudo como para que se le considerase capaz de producir una sensación
de ostensible malestar físico. El piso, de mármol, estaba
un poco manchado. También, las cintas limitadoras dejaban ver un
pequeño ángulo por el vacío existente entre asiento
y asiento. Pero ya la novia iniciaba la salida apoyando suavemente su
pie izquierdo en el primer peldaño de la graciosa escalinata que
conducía hasta el altar. De modo que, a causa del paso dado por
su pie derecho, el extremo de la cola avanzó un tanto, en dirección
al altar. Igualmente, por efecto de su cuerpo al volverse hacia la concurrencia,
parte de la cola que arrancaba de los hombros enrollóse sobre la
espalda y en su parte izquierda. Entonces, fue descendiendo, pausadamente,
los peldaños de la alfombra roja. También el piso de la
senda estaba un poco manchado. Ya se acercaba al punto donde el extremo
de la cola se abandonaba como un animal echado. Al coincidir con ésta,
hizo un ligerísimo movimiento desarrollado, de abajo arriba, esto
es, de su talle a sus hombros, y el extremo de la cola respondió
con un breve funcionamiento, pero tan afinado que permitió al pie
derecho pasar sin fatiga alguna. Desde este momento la cola fue perdiendo
su inclinación y comenzo a seguir a la novia. Ésta ya daba
su último paso con el pie derecho sobre la alfombra roja, y su
cuerpo, perdiéndose en la caja del coche, indicaba claramente que
la boda había terminado.
Glosario
Carrete: Carretel en donde se enrollan
hilos, cintas, telas, etcétera.
Ostensible: Manifiesto, visible.
Tope: Extremidad.
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