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João Gimarâes Rosa DESENREDO Traducción: Santiago Kovadloff (De: Menudencia, 1979, Buenos Aires, Calicanto). Gimarâes Rosa, João Este escritor brasileño nació el 3 de junio de 1908 en Cordisburgo, una pequeña ciudad de Minas Gerais. Recibido de médico, ejerció la profesión en las tierras semidespobladas del interior de su pais. Hacia 1934 ingresó en el cuerpo diplomático desempeñando varias misiones, la última de ellas como Embajador Presidente de la Comisión de Límites y Fronteras. Aunque su primer libro fue de poemas, Magma (1936) -voluntariamente inédito-, se destacó en las letras por su narrativa. Superó el regionalismo vigente, otorgándole, como señala Santiago Kovadloff, "dignidad universal /.../ y proyección regional a los problemas universales". Este doble movimiento recorrerá toda su producción: Sagarama (1946); Corpo de baile y Grande Sertâo: Veredas (1956), que lo dio a conocer en el extranjero; Primeiras estórias (1962); Tutameia (1967); Estas estórias (1969), y Ave palabra (1970) -Las dos últimas, publicadas póstumamente. El empleo dialectal del lenguaje, la libertad del neologismo, el quiebre oral de la sintáxis, la fusión entre lo mágico y lo real con un juego de precisiones e imprecisiones, son algunos de los rasgos que caracterizan su estilo de escritura. Ambientados, como sus otros textos, en el sertão -región desértica del noreste del Brasil-, los relatos de Tutameia demuestran que también en ese espacio rural tienen lugar los problemas de las grandes ciudades. En 1967, Joâo Guimaràes Rosa muere, en Rio de Janeiro, a causa de un ataque cardíaco, pocos dias después de la toma de posesión de un cargo en la Academia Brasileña de Letras. Del narrador a sus oyentes: Juan Joaquín, cliente de quien cuenta, era apacible, respetado, bueno como aroma de cerveza. Señor de lo debido para no ser célebre. ¿Quién puede empero con ellas? Dormido Adán, nació Eva. Llamábase Liviria, Rivilia o Irlivia, la que, en esta ocasión, a Juan Joaquín se le apareció. Tirando a bonita, ojos de carbón vivo, morena miel y pan. Casada, por lo demás. Sonriéronse, viéronse. Era infinitamente mayo y Juan Joaquín se enamoró. Sumariando el asunto, se entendieron; volando lo demás con ímpetu de nave tendida a vela y viento. Pero muy teniendo todo, claro está, que ser secreto, a siete Ilaves. Porque en el marido, cuando celoso, se hacia notar la valentía y ya se sabe que los pueblos son la ajena vigilancia. De modo que al rigor los dos se sujetaron, conforme al clandestino amor y según aconseja el mundo desde que es mundo. No hay, empero, abismos infranqueables en barquitos de papel. No se veía cuándo y cómo se veían. Juan Joaquín, por lo demás, era pura, calculada retracción. Esperar es reconocerse incompleto. Dependían ellos de enormes milagros. El embriagado engaño, quiero decir. Hasta que se produjo el derrumbe. Lo trágico no viene en cuentagotas. Sorprendió el marido a la mujer: con otro, un tercero... Sin muchas vueltas, pistola en mano, la asustó y lo mató. Se dice también que levemente la hirió, cosa ligera. Juan Joaquín, doliente sorprendido, en lo absurdo se negaba a creer, y barrido por dolores frios, calores, lágrimas quizá, cayó en decúbito dorsal devuelto al barro, a medio estar entre lo inefable y lo nefando. Jamás la imaginara con el pie en tres estribos; llegó a maldecir sus propios y gratos abusufructos. Se contuvo para no verla, prohibiéndose ser pseudo personaje, en circunstancias de tan sangrienta y negra magnitud. Ella -lejos- síempre y más que nunca hermosa, ya repuesta y sana. Él, ejercitándose en resistir, siervo de penosas emociones. Los porvenires, mientras tanto, maduraban. ¿Que no hay fin que sobrevenga? Desafortunado fugitivo, y como a la Providencia place, el marido falleció, ahogado o de tifus. El tiempo se las ingenia. De inmediato lo supo Juan Joaquín, sumido en su franciscanato, dolorido pero ya medicado. Fue, pues, con la amada a encontrarse ella sutil Como alas leves, pantanal de engaños, la firme fascinación. En ella creyó, en un abrir y no cerrar de oidos. Y asi fue como, de repente, se casaron. Alegres y mucho, para feliz escándalo popular. Pero hubo peros. ¿Llega siempre imprevisible lo abominable? ¿O es que los tiempos se siguen, parafraseándose? Prodújose el arribo de los demonios. Esta vez fue Juan Joaquín quien con ella se deparo y en mala hora: traicionado y traicionera. De amor no la mató, que no era hombre de remontarse a tamaños leonismos ni tigreses tales. La expulso apenas, apostrofándose, como inédito poeta y hombre. Y viajó huida la mujer a ignoto paradero. Todo aplaudió y reprobó el pueblo, repartido. Por el hecho, Juan Joaquín se sintió heroico, casi criminal, reincidente. Triste, al fin, y tan callado. Sus Iágrimas corrían detrás de ella, como blancas hormiguitas. Pero, en la frágil barca del consenso, de nuevo pudo verse respetado. Se pierde la camisa, cuando no lo que ella viste. Era el suyo un amor meditado, a prueba de remordimientos. Se dedicó a resarcirse. Pero hubo peros. Pasaban los dias y, pasándolos, Juan Joaquín iba aplicándose, en progresivo, empeñoso afán. La bonanza nada tiene que ver con la tempestad. ¿Creíble? Sabio siempre fue Ulises, que empezó por hacerse el loco. Deseaba él, Juan Joaquín, la felicidad -idea innata-. Se consagró a remediar, redimir la mujer, a pulmón pleno. ¿Increíble? Cabe notar que el aire viene del aire. De sufrir y amar uno no se desacostumbra. ÉI queria apenas los arquetipos, platonizaba. Ella era un aroma. ¿Amantes, ella? iNunca los tuvo! Ni uno ni dos. Díjose y decía Juan Joaquín. A embustes atribuía la leyenda, falsas patrañas escabrosas. Cabíale descalumniarla, y a todo se obligaba. Trajo a flor de escena del mundo lo que, del caso bajo, fuera tan claro como agua sucia. Demostrándolo, arnatemático, contrario al público pensamiento y a la lógica, desde que Aristóteles la fundó. Lo que no era tan fácil como refritar albóndigas. Sin malicia, con paciencia, sin insistencia, principalmente. El punto está en que lo supo del modo que sigue: por antipesquisas, acronología menuda, charlitas secreteadas, entrecocidos testimonios. Juan Joaquín, genial, operaba el pasado -plástico y contradictorio borrador-. Creaba una nueva transformada realidad, más alta. ¿Y más cierta? La celebraba, ufanático, dándola por justa y averiguada, con rotunda convicción. Haya el absoluto amar y no habrá injuria que aguante. De modo que surtió efecto. Desaparecieron los puntos suspensivos, el tiernpo secó el asunto. Diluíase la tiniebla, anteriores evidencias, sus siniestras brumas. Lo real y válido en ascenso y hacia arriba. Y todos lo creian. Juan Joaquín antes que todos. Por fin hasta la propia mujer. Le llegó la noticia adonde se encontraba, en ignota, defendida, perfecta distancia. Se supo desnuda y pura. Volvió sin culpa, con dengues y titubeos, desplegando su bandera al viento. Tres veces se roza la felicidad. Juan Joaquín y Viliria se retomaron y compartieron, transmutados, lo verdadero y mejor de su úItil vida.Y archívese el asunto. Glosario Abominable: Detestable. Apacible: Tranquilo, agradable. Apostrofar: Dirigir la palabra con energía a alguien. Arquetipo: Modelo, prototipo. Bonanza: Tiempo sereno. // Prosperidad. Bruma: Niebla. Consenso: Consentimiento. De cúbito dorsal: Posición del cuerpo en un plano horizontal. Dengue: Delicadeza afectada. Deparan: Presentar, poner delante. En el texto, con eI sen-tido de "encontrar". Diluir: Disolver. Embuste: Mentira. Empero: Pero. Escabroso: Atrevido, inmoral, obsceno. Ignoto: Desconocido. Ímpetu: Violencia, energía, precipitación. Inefable: Que no se puede explicar con palabras. Infranqueable: Que no se puede superar, sortear o atravesar. Injuria: Injusticia, daño. // Ofensa, insulto. Innato: Propio en un sujeto desde su nacimiento. Nefando: Infame. Pantanal: Tierra pantanosa. Parafrasear: Hacer una explicación o interpretación am-plia de un texto. Patraña: Mentira. Platonizar: Idealizar. Porvenir: Suceso o tiernpo futuro. Providencia: En la religión católica, suprema sabiduría divina, que rige el orden del mundo. Pseudo: Supuesto, fingido. Redimir: Salvar, rescatar, librar. Reincidente: El que vuelve a corneter un error, falta o delito. Remontarse: Elevarse. Reprobar: Condenar, no aprobar. Resarcir: Compensar, repara, indemnizar. Retracción: Acción de retirarse o resguardarse para librarse de un peligro. Sumariar: Resumir, abreviar. Sumido: Sumergido, hundido. Tamaño: Adj.: tan grande. Tifus: Enfermedad infectocontagiosa. Ttubeo: Duda, vacilación. Transmutado: Cambiado, transformado. Nota: Algunos vocablos de la traducción castellana son neologismos, construidos a partir de los procedimiento de derivación, composición y parasíntesis. Entre ellos figuran: abusufructos, acronología, amatemático, antipesquisas, descalumniar, entrecocido, franciscanato, leonismos, sumariar, tigreses, ufanáticos. El lector deberá explorar las significaciones posibles de dichas palabras para otorgarle un sentido mas acabado al texto. |
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