Volver a Gador en la Cultura
El Buscador


Jorge Bucay

Jorge Bucay nació hace 48 años en Argentina. reside en Capital Federal, donde egresó de la Universidad con título de médico. Luego ha hecho su especialidad en Psiquiatría y realizó cursos y seminarios en USA, España e Italia.
Es especialista en terapéutica gestáltica, docente y -por supuesto- escritor. Ha publicado "Cartas para Claudia", "Recuerdos para Damián", "Cuentos para pensar", del cual se extrae el cuento que hoy publicamos en nuestra Colección Insomnium.
Cabe destacar que Bucay difunde este cuento, que le ha llegado de un amigo, quien a su vez lo recibió de un conocido... y así nos remontaríamos a que es un relato, tal vez de origen bíblico.

El, gentilmente nos ha permitido reproducirlo y difundirlo también.
La belleza de este relato y su positivo legado invita a hacer lo propio.

Disfrútelo usted también, Doctor y si desea, cuénteselo a un ser querido.

Agradecemos a Editorial del Nuevo Extremo S.A. la autorización para reproducir este cuento.


Esta es la historia de un hombre al que se definiría como un buscador; un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra; tampoco es alguien que necesariamente sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Canur; él había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían desde un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.


Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó a lo lejos la ciudad de Camir; un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero, le llamó la atención; estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores.

La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada. La pequeña portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar. El buscador traspasó el portal y empezó caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de ese paraíso multicolor, sus ojos eran los de un buscador y quizá por eso descubrió sobre una de las piedras aquella inscripción:

"Abdul Tarec. Vivió ocho años, seis meses, dos semanas y tres días".

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Miró a su alrededor, y se dió cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción; se acercó a leerla.

Decía:

"Yamir Caliv. Vivió cinco años, ocho meses y tres semanas". El buscador se sintió terriblemente conmocionado, este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra una tumba. Una por una empezó a leer las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto de muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido, sobrepasaba apenas los once años. Embargado por un dolor terrible se sentó y lloró.

El cuidador del cementerio que pasaba por ahí se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

Ningún familiar, dijo el buscador. ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?. ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente que los ha obligado a construir un cementerio para chicos?.

El anciano se sonrió: - Puede usted serenarse, le dijo, no hay tal maldición; lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre, le contaré:


Cuando un joven cumple quince años en este pueblo, sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí colgando del cuello ¿Ve?. Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre su libreta y anota en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha cuánto tiempo duró el gozo. Conoció a su novia y se enamoró de ella, ¿Cuánto tiempo duró esta pasión enorme y el placer de conocerla? : una semana, dos, tres semanas y media y después la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuanto duró el minuto y medio de beso?, dos días, una semana; ¿y el embarazo? ¿o el nacimiento del primer hijo? ¿y el casamiento de los amigos? ¿y el viaje más deseado? ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones, horas, días´?...

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos intensamente. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre tomar su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, escribirlo sobre su tumba, porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido.

 
arriba

Envíenos sus comentarios
Copyright © 1998-99 Gador S.A.
All rights reserved.